Existe una multiplicidad de películas sobre la vida de Juana de Arco, entre ellas, las aproximaciones de Bruno Dumont son geniales anomalías. Mordaz y elocuente, su trayectoria se lee como una búsqueda constante de referentes y alquimias, lo cual explica su exploración obsesiva de la Doncella de Orleans, a quien ha dedicado dos de sus más célebres creaciones.
La materia prima de este realizador es la filosofía, y la pantalla, la mesa sobre la que disecta el lado siniestro de los seres comunes y su ordinarias acciones. Esta conversación promete, al igual que su cine, caminos tan bellos como sorpresivos.
*En colaboración con el Instituto-Goethe Mexiko y la Casa del Lago UNAM