Identidad y confrontación: un acercamiento a la obra de Roee Rosen

Por Iliana Pichardo

Roee Rosen, artista multidisciplinario y una de las voces más críticas del presente de Israel, impartió una clase magistral con el apoyo de la Cátedra Ingmar Bergman en Cine y Teatro en el marco de la octava edición de FICUNAM. En la conversación también participaron Jean-Pierre Rehm, director del FIDMarseille y Eduardo Thomas, artista visual, curador y programador de cine.

Thomas comenzó resaltando la importancia de la presencia de Rosen en el festival, y la oportunidad de poder discutir a fondo los trabajos del autor. Añadió que una constante en su trabajo es la manera en la que se cuestiona a sí mismo, y cómo avanza ensanchando cada vez más los límites que le dan forma a sus trabajos.

Rosen comenzó el recorrido por su obra con el libro titulado The Blind Merchant, que incluye 45 dibujos que realizó el artista con los ojos vendados, y que presentan una aproximación alternativa a la puesta en escena del Mercader de Venecia, de Shakespeare. “Por muchos años vi este libro como un fracaso. Estaba seguro de que cuando lo lanzara iba a ser entendido por la gente, pero no sucedió así. Después de mucho tiempo, para mi sorpresa, el año pasado fue mostrado en Documenta 14”, relató.

Sobre su obra Live and Die as Eva Braun, que se presentó en el Museo de Israel en Jerusalén, Jean-Pierre Rehm comentó: “No puedo evitar más que estar en shock en relación a tu decisión de mostrar esta obra en Israel”. En dicha pieza, el objetivo de Rosen era poner al espectador en el rol de la amante de Hitler para imaginar la actividad sexual de la pareja en su búnker, poco antes de su suicidio. “Tú sabías lo que estaba en juego. Para mí, son cosas que no son objetos culturales, tiene más que ver con experimentarte a ti mismo”, comentó Rehm, a lo que Rosen respondió que lo que buscaba era ofrecer algo lúdico que a la vez asustara, porque le parecía que era necesario hacerlo. La exhibición causó una gran conmoción e incluso fue sujeta a debate parlamentario.

Roee Rosen también ha experimentado con los personajes ficticios. Todavía vivía en Nueva York cuando creó a Justine Frank, una pintora y pornógrafa belga, que profesaba el judaísmo, y que fue expulsada de los círculos surrealistas para más tarde afincarse en Palestina durante los años cuarenta. Dentro de la obra creada por el personaje Justine Frank, se encuentra el libro Sweet Sweat inspirado en Historia del ojo, de Bataille: “empece a escribir un ensayo teórico y se transformó en una novela poética y pornográfica. Todo parece muy estructurado, pero en realidad todo fue mucho más caótico”, comentó Rosen, “cuando empecé a trabajar con esto intenté dividir el trabajo entre Rosen y Justine, pero ella tomó el control, como una especie de posesión y tuve que enfocarme más en ella. Durante cuatro años implicó que yo no hiciera exposiciones y no produjera mi propia obra.”

Más adelante, Rosen habló sobre otros de sus trabajos, Las confesiones de Roee Rosen (2008), que fue importante para él ya que dejó de asumir identidades ficticias y The Buried Alive Videos (2013), que es parte de un proyecto transmedia centrado en la figura ficticia del poeta ruso Maxim Komar-Myshkin en contra de Vladimir Putin.

Al finalizar la conversación, se abrió una sesión de preguntas y respuestas al público. En ella se le cuestionó sobre su relación con el movimiento surrealista, a lo que contestó que su más reciente filme The Dust Channel (El canal del polvo) (2016), tiene una clara alusión a Buñuel. Con Justine Frank la idea era plantearse a sí mismo dentro de una escena cultural tan crucial como lo fue el surrealismo: “Me puedo identificar pero también ser un paria y ver lo que le faltaba al movimiento; en su sentido bretoniano era muy misógino, autoritario y homofóbico. Siempre tenía esta idea de libertad y amor, pero Breton estaba en contra de la pornografía. Con Justine no solo quería crear un personaje falso, sino también crear una especie de herramienta política para poder situarnos en el pasado y generar una discusión, dar una versión distinta del pasado”, expresó Rosen.

Sobre el tema de la identidad judía, Rosen relató que siempre consideró que el Holocausto era el centro de su identidad, pero que sentía que no podía lidiar con eso de una forma explícita: “El legado de la identidad es tan imaginario como cualquier otro. La narrativa del presente no tiene quizás que ver tanto con la del pasado”. Consideró que el tema de la identidad había que abordarlo porque tenía un elemento de verdad, pero alertó también sobre la realidad de las ficciones. La identidad como un híbrido. Tal como sus obras que buscan retar la dicotomía en la que se divide el mundo, para crear situaciones polimorfas entre el tiempo y el espacio; el texto y la imagen; la realidad y la ficción.