El humanismo dentro del infierno: una conversación con Lav Diaz

Por Tirso Iván Vásquez Agüero

Hoy domingo 4 de marzo, luego de una intensa proyección matinal (cuya extensión alcanzó las 4 horas), el público de La temporada del Diablo (2018), la película más reciente de Lav Diaz, tuvo la oportunidad de dialogar con el director filipino como parte de la sesiones Q&A del FICUNAM 8, el diálogo fue moderado por la directora del festival Eva Sangiorgi.  

Fue la misma Sangiorgi la que inició la conversación al preguntar por las razones que llevaron al cineasta a trabajar la película como un musical. “Ya sabes, es solo Rock N’ Roll”, dijo Díaz con una risa calmada, y agregó que la idea surgió cuando estaba escribiendo un libro sobre cine en el 2016, proceso que se vio obligado a interrumpir por la indignación que le causó la llegada de Rodrigo Duterte a la presidencia de Filipinas. Frente a este hecho, Díaz pensó en escribir una canción: “una marcha fúnebre para mi país, de ahí surgió la idea de hacer un film musical”. Resulta anecdótico que la renuncia del cineasta a hacer una canción haya concluido en la composición de más de una decena de canciones para La Temporada del Diablo.

Una de las preguntas del público giró en torno al vínculo entre la ficción y dos figuras históricas de Filipinas: el dictador Ferdinand Marcos, creador de la ley marcial, y el cantautor Freddie Aguilar, cuya música siempre desarrolló una poética de resistencia al gobierno de Marcos. El cineasta respondió que si bien Freddie Aguilar es un referente en su país, las canciones del film no están estrictamente vinculadas a él. Sin embargo, sí aceptó que el discurso que desarrolla en sus películas es “muy confrontacional con la ley, con la situación del país, es una forma de activismo”.

Díaz afirmó que su película conecta la situación actual de Filipinas con la época de la ley marcial en los ochenta, de tal manera que condensa dos sentires generacionales. Asimismo, dio detalles sobre la construcción de dos personajes: “el poeta” y “el dictador”. Sobre el primero, por quien se le preguntó si se trataba de la figura de un mártir, Díaz contestó que lo veía como un ser “comprometido con la verdad”, razón por la cual en el relato se mostraba atormentado por la represión, que alude tanto a Duterte, como a Marcos o incluso, como dijo él mismo, a Putin.

Sobre el segundo personaje, Lav Díaz reveló que hizo hablar en un lenguaje que nadie más entiende (de hecho, nunca se subtitula cuando éste habla) al personaje del dictador, ya que es una figura que al ser un fascista no habla el lenguaje de los demás: “No ven a nadie, solo se escuchan a sí mismos”.

Finalmente, dejó claro que su interés por el musical tenía una búsqueda por desmontar la lógica misma del género. “No es, obviamente, como un musical de Hollywood, donde los movimientos de cámara son perfectos y la música sirve como adorno, se evitó el uso de artificios”, esto último está muy vinculado a su trabajo de composición visual, sobre el cual dijo: “prefiero manipular lo menos que se pueda el encuadre, es como mantener la pureza”. Es prudente recordar que, salvo la canción que acompaña los créditos y la dedicatoria del film (dedicado a todas las víctimas de la ley marcial), toda la música es a capella. Fue una sesión espléndida, en la que el público pudo ahondar en las motivaciones de un autor que trabaja la discordancia entre lo que los personajes cantan y lo que vemos como espectadores.