SÍNTESIS: Interconexiones entre el cine y el arte contemporáneo Sesión 2: Curadores y promotores, ¿qué papel juegan?

Por Tirso Iván Vásquez Agüero

Esta noche las actividades del espacio Síntesis concluyeron con la segunda sesión del día. El diálogo, presentado por Eva Sangiorgi, contó con la participación de Jean-Pierre Rehm, director del FIDMarseille, y Judith Revault D’Allones, programadora del Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou.

Judith comenzó hablando sobre las actividades del Centro Pompidou, destacando la labor de este espacio como plataforma para el descubrimiento de nuevos artistas, así como la revalorización a través de retrospectivas y exposiciones de cineastas que se prestan a cruzar las barreras de la exhibición tradicional. Prosiguió con una muestra de algunas de las presentaciones que el Centro Pompidou ha hecho, como la retrospectiva a Bertrand Bonello, un artista que en dicha ocasión tuvo la oportunidad de probar, por primera vez, con las instalaciones artísticas; recordó que parte de la exhibición contó con la habilitación de un espacio en el que se proyectaron siete películas al mismo tiempo, de tal forma que el sonido y música de todas las cintas se iba mezclando. Además, manifestó el fin de establecer este tipo de muestras: “queremos que esté abierto a todo el mundo, no solo a la gente que esté orientada al cine o el arte, queremos también que sea accesible a los demás”.

Llegado su turno, Jean-Pierre Rehm comentó las problemáticas de la programación en festivales, como, por ejemplo, cuando en su segundo año curando el festival de Marsella, se encontró con un film que duraba nueve horas. A sabiendas de lo exigente que podía ser una cinta de una duración tan extensa, comenta que no solo aceptó la película, sino que, además, la programó en la sección de competencia oficial. Su interés era demostrar que las estéticas más radicales, experimentales o transgresoras no tenían por qué ser marginadas de los espacios estandarizados, como la competencia de un festival. “Programar en un festival una película de 9 horas tiene un impacto político”, sentenció Rehm, ya que considera que el rol de un programador está vinculado no solo con hacer una selección de obras específicas; también supone “intentar conectar con el mundo, con lo que está sucediendo”, demostrando así que el oficio de la programación es un proceso de análisis crítico. Asimismo, resaltó la igualdad entre los artistas, una horizontalidad basada en la libertad que tienen al momento de trabajar, independientemente de la duración, temática o soporte en el que trabajen.

Al abrir las preguntas del público, hubo un contraste entre las respuestas de ambos invitados. Se les preguntó por el rol del programador cuando encuentran que la repetición o estéticas ya agotadas del mainstream, aparecen en las películas u obras que pretenden tener un carácter radical y transgresor. Frente a ello, Rehm contestó que justamente la programación supone diferenciar cuándo algo es innovador y cuándo es repetitivo y que en ese proceso de apostar por lo experimental, el curador puede llegar a sentirse muy solo. Por su lado, Revault declaró que encontrar estilos repetidos es parte del trabajo y que no le parecía que sea realmente algo negativo.