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Un futuro incierto: Una pareja perfecta, de Nobuhiro Suwa

Por Iliana Pichardo

Un auto en movimiento. A través de la ventana apenas se muestran los rostros de una pareja. El sonido es una combinación de sus voces percibidas a la distancia, entremezcladas con los ruidos de la ciudad.

En Un couple parfait (A perfect couple/ Una pareja perfecta) (2005), Nobuhiro Suwa desplaza su mirada hacia la historia de una pareja en París. Marie (Valeria Bruni Tedeschi) y Nicolas (Bruno Todeschini), llevan viviendo muchos años en Lisboa, pero regresan a Francia para la boda de un amigo. Para su círculo, ellos son una especie de modelo de relación, por lo que resulta sorpresivo cuando en una cena anuncian que están por divorciarse. Nunca sabemos el por qué y tampoco parecen llevarse mal entre ellos, se hacen reír, comparten el mismo humor. Sin embargo, al llegar al cuarto de hotel piden una cama extra. La fractura se hace evidente.

Gran parte de la trama se desarrolla en ese cuarto. Escenas enteras las vemos desde un solo ángulo, como si presenciáramos el punto de vista de uno de los personajes, tan solo para imaginar lo que sucede del otro lado del cuadro. La intensidad del amor se ha diluido, lo suplanta la hostilidad para provocar una emoción en el otro. Y aunque Suwa mantiene la tensión de un posible arreglo entre ellos, va quedando claro que la distancia es muy grande y no es tan fácil regresar.

Nobuhiro Suwa, quien también escribió el guión, tiene un estilo observacional. En Un couple parfait, lo que presenciamos es la disolución lenta de las últimas etapas de un matrimonio. Las problemáticas de pareja, el fin del amor y el padecimiento de poder aceptarlo. Cada uno culpa al otro por la crisis en la que están, y fracasan en su intento por encontrar las palabras correctas para expresarse, terminando en la exasperación. Los diálogos están diluidos, son más un componente del sonido. Incluso Suwa ha declarado que no comprendía la totalidad de lo que los actores decían. Dejaba correr la cámara, permitiendo que los actores improvisaran, dándoles un espacio para que se movieran con libertad: “Yo divido a los actores en dos grupos, los que pueden hacer improvisaciones y los que necesitan un guión detallado”, declaró Suwa en una entrevista. Para Un couple parfait, sin duda se fue por el segundo grupo.

La historia se cuenta a través del lenguaje corporal. El contenido está en lo que la pareja no se dice. Suwa observa a sus personajes respetuosamente, esperando que a través de sus movimientos se traduzca el inconsciente. La mayoría de las tomas son estáticas, los emplazamientos, generalmente a distancia de los personajes, se yuxtaponen con los dramáticos primeros planos de sus rostros. Los personajes están sumergidos –la mayor parte del tiempo– en ambientes claroscuros, alumbrados apenas por la luz natural que entra por alguna ventana. A menudo existen puertas entre ellos, como metáfora de la ruptura. Como espectadores nos quedamos por instantes viendo aquellas puertas silenciosas y entonces ocurre aquello que Suwa propone: “Creo que en general hay dos maneras de ver las cosas: una con los ojos abiertos, donde todo queda a la vista, y otra entornando los ojos de manera que, aunque no veamos con total claridad, la imaginación comienza a trabajar y uno se pregunta qué es lo que está viendo.”

En el 2005, Un couple parfait recibió el Premio Especial del Jurado en el Festival de Locarno. El cine de Nobuhiro Suwa se aproxima de una forma única al tema de las relaciones sentimentales: la observación, la imposibilidad de la palabra, la tensión del fuera de campo. Un espacio silencioso donde trabajar la imaginación.